Alimentos que ayudan a contrarrestar los daños del tabaquismo

Fumar es una de las adicciones más comunes en el mundo y también la que más pesa más sobre la salud. De hecho, el tabaco con el tiempo es capaz de desencadenar una inflamación crónica, condición que día tras día degenera silenciosamente células, tejidos y órganos y abre el camino a dolencias y enfermedades. Desde las pulmonares hasta las cardiovasculares. Desde tumores hasta la aceleración del envejecimiento, incluido el del cerebro, que favorece la pérdida de memoria y la demencia y el del sistema musculoesquelético que aumenta el riesgo de padecer osteoporosis, por ejemplo. Alrededor de 8 millones de personas en todo el mundo mueren anualmente por los daños causados ​​por el tabaquismo (activo y pasivo).

Éstos son datos de la OMS que el 31 de mayo de cada año celebra el Día Mundial Sin Tabaco, lanzando una campaña de sensibilización ciudadana. Cuando fumas o respiras el humo, el cuerpo, para defenderse del daño que le provocan las sustancias potencialmente tóxicas que contiene, incluida la nicotina presente en el cigarrillo, produce radicales libres. Estas moléculas en exceso llamadas ROS amenazan la salud al desencadenar estrés oxidativo que anula los sistemas de defensa antioxidantes del cuerpo. Para equilibrar su acción potencialmente tóxica y nociva y hacer más eficientes los mecanismos de defensa, es fundamental asegurar en los menús diarios todas aquellas sustancias que actúen como auténticos "bomberos", extinguiendo la inflamación.


Qué poner en el carrito del supermercado

Para combatir los radicales libres y fortalecer los mecanismos antioxidantes del organismo, es fundamental poner frutas y verduras en la mesa en cada comida del día. Es necesario ante todo favorecer las variedades de color amarillo anaranjado como el melón, la zanahoria, la calabaza, los albaricoques que están especialmente cargadas de carotenoides altamente antioxidantes y las de color azul violeta y rojo, en particular las ciruelas, los arándanos, las fresas, las cerezas, frambuesas, remolachas e incluso pimientos, cebollas y tomates, tanto cocidos como crudos, ricos en antocianinas con excelentes propiedades protectoras. En los menús semanales no deben faltar las legumbres. Las variedades de color oscuro como el garbanzo negro, la lenteja y la judía azuki son una auténtica reserva de polifenoles, útiles también para contrarrestar inflamaciones, favorecer la eliminación de toxinas y proteger frente al daño oxidativo. Sí también al pescado, privilegiando las sardinas, las anchoas, la caballa y el arenque que ofrecen un altísimo aporte de ácidos grasos esenciales con acción antiinflamatoria. Estas grasas también se encuentran en muchos alimentos de origen vegetal con los que se pueden enriquecer los menús: todos los frutos secos, el aguacate y las semillas, incluidas las de lino y calabaza. Sí también a las grasas monoinsaturadas del aceite de oliva, que además aporta muchos otros antioxidantes entre ellos la vitamina E y la oleuropeína.


Cómo cocinar: las mejores cociones

Algunos tipos de cocción que se utilizan habitualmente en la vida cotidiana corren el riesgo de empobrecer a los alimentos de sus valiosos nutrientes con acción antioxidante y favorecen la producción de sustancias potencialmente tóxicas. Estos compuestos conocidos como Age debilitan los sistemas de defensa frente al estrés oxidativo. Entre los métodos más dañinos se encuentran, por ejemplo, asar a la parrilla, hornear a altas temperaturas y freír, que solo deben usarse ocasionalmente. En cambio, conviene promover la cocción al vapor o en papel de aluminio.


Qué reducir en la mesa

Para prevenir y combatir la inflamación es necesario consumir lo menos posible todos aquellos productos pro-inflamatorios, incluidos los que aportan muchas grasas trans, hidrogenadas y no hidrogenadas, como los aceites vegetales distintos al de oliva, la mantequilla, la margarina y todos los productos elaborados industrialmente en general. Por el mismo motivo es necesario limitar el consumo de alimentos con alto contenido en lípidos saturados, como embutidos, quesos y carnes rojas y procesadas. También prestar atención a la introducción excesiva de azúcares refinados en la dieta diaria. Los productos horneados, incluidos los dulces, pero también las pastas y los productos de harina no integral, desencadenan la glicación, un mecanismo que contribuye a la producción de glicotoxinas, que aumentan aún más los niveles inflamatorios y los hacen más vulnerables al estrés oxidativo.

La alimentación y el tabaco

A estas alturas los hay que habrán desistido de sus propósitos de año nuevo, también estarán aquellos que se propusieron dejar el tabaco y aún mantienen su promesa… ¿y la pérdida de peso? Pues de todo sucederá con la dieta.

No es extraño encontrarnos ante una situación cuanto menos frustrante; se trata de realizar dieta para adelgazar y al mismo tiempo liberarnos del hábito del tabaquismo, pero no encontrar resultados (o conseguir una respuesta mínima) en nuestro peso corporal.

Y es que se suceden varios mecanismos que pueden llegar a impedir la pérdida de peso, o peor aún, ir aumentando kilos poco a poco sin hacer grandes excesos en la mesa. Estos procesos pueden ser fisiológicos (relacionados con nuestro funcionamiento biológico)  o emocionales (como la ansiedad).

La ansiedad que produce el cigarrillo

A nivel psicológico, el estrés que produce la falta de nicotina, la ansiedad que desencadena un acto como tener un cigarrillo en la mano o el insomnio que se puede ocasionar al abandonar el tabaco, puede provocar que la comida se convierta en una aliado con cierto efecto placebo, ya que se busca en los alimentos la sensación de placer o calma que entonces proporcionaba el cigarro.

Pero no es éste el único motivo por el que existe una tendencia a ganar peso en este proceso; las personas fumadoras cuentan con un metabolismo basal ligeramente mayor que aquellas que no poseen este hábito, ya que el tabaco produce cierto efecto termogénico, es decir, provoca un gasto de calorías mayor que si no se fuma habitualmente. Al abandonarlo, el metabolismo se reduce levemente y por tanto, se gastan menos calorías diarias.

Las Sustancias del tabaco y su efecto en el organismo

La nicotina y el resto de sustancias toxicas del tabaco afectan de tal forma a nuestro organismo que disminuye el trabajo del aparato digestivo, provocando que la asimilación de los alimentos sea peor, al igual que la propia digestión, reduciendo así el apetito.

Esta perjudicial práctica también actúa a nivel hormonal ya que la nicotina provoca una secreción de ciertas hormonas como la adrenalina o dopamina, que regulan el estado de ansiedad y el apetito.

Por todo esto, cuando un fumador decide dejar de serlo, sufrirá algunos cambios en su organismo, a nivel digestivo, hormonal y emocional, que le dificultarán le pérdida de peso si éste es el objetivo, o sin realizar cambios importantes en su alimentación, probablemente gane un poco de peso.

Sin embargo, a pesar de este pequeño riesgo, si no sucumbimos a las tentaciones alimentarias para saciar nuestras ansias, que seguro existirán al potenciarse la capacidad olfativa y gustativa y mejorar las digestiones, ni los kilos de más son una excusa ni existe la certeza de que este efecto secundario se vaya a producir, ya que lo que sí se ganará con certeza al renunciar a este hábito es salud.

Aliados alimenticios

Podemos encontrar aliados en los alimentos que nos ayuden en este difícil proceso; los frutos secos, cereales como la avena, el plátano o las ensaladas pueden favorecer la relajación. Pequeños trozos de frutas, hortalizas o yogures nos ayudarán a combatir momentos de ansiedad.

No debemos “caer” en un mal hábito para combatir otro, como consumir un alimento azucarado en el momento en el que anteriormente se consumía el cigarrillo y es de gran ayuda evitar rutinas que recuerden al tabaco, cambiándolas por otras (en vez de café y sobremesa tras la comida, dar un paseo, por ejemplo).

Además de una alimentación saludable, el ejercicio físico regular favorece la pérdida o mantenimiento del peso corporal, ayuda a combatir la ansiedad y el estrés y `perfecciona la conservación de un óptimo estado de salud.