¿Qué pasa en nuestro cuerpo cuando corremos?

 PUBLICADO POR:fRANK oLIMPO

 

 

Correr es uno de los ejercicios físicos más exigentes para nuestro cuerpo. Ya sea por entrenar para una maratón, para bajar de peso o simplemente por placer, correr es de los ejercicios más habituales entre los deportistas. Esto es, en parte, porque se puede realizar en casi cualquier lado y no requiere un equipamiento sofisticado, como otros deportes.Ahora bien, ¿alguna vez te has preguntado qué pasa realmente dentro de tu cuerpo cuando corres? Vamos a averiguarlo

Cuando comienza el ejercicio

Al inicio del ejercicio, nuestro cuerpo comienza a necesitar energía extra. Para conseguirla, las células liberan el adenosín trifosfato -ATP por sus siglas en inglés- que es la molécula de soporte de energía. Al liberar energía, rápidamente pierde un fosfato y se convierte en adenosín difosfato o ADP, que es otra molécula, también fundamental para alcanzar y mantener los niveles de energía necesarios.

Durante los primeros dos a tres minutos

 

 

Los primeros minutos de ejercicio pueden parecer los más relajados, pero para nuestras células es uno de los momentos de mayor actividad.

El organismo necesita más energía para distribuir el oxígeno más rápido. Para producir más ATP, las células comienzan a descomponer el glucógeno, que es el principal responsable de almacenar glucosa, y a utilizar la que está presente en la sangre.

Además el ADP producido no es suficiente y comienza el proceso inverso: transformar el ADP en ATP nuevamente. Este proceso provoca la liberación de ácido láctico. El ácido láctico es el responsable de la sensación de calor y ardor en nuestros músculos.

Luego de algunos minutos

 

 

Nuestros músculos comienzan a necesitar más y más oxígeno, es por ello que comenzamos a respirar cada vez más rápido. La temperatura corporal comienza a elevarse y las glándulas sudorípadas nos hacen transpirar para evitar el sobrecalientamiento. El sistema circulatorio envía más sangre hacia nuestra piel para mantenernos frescos y comenzamos a ponernos rojos.

Es en éste momento del entrenamiento que comenzamos a quemar calorías. Al correr, se estima qie quemamos alrededor de 100 calorías cada 1,6 km.

¡Felicitaciones! Si pasas los 10 minutos y logras mantenerte en pie, es porque tu corazón y tus piernas son relativamente fuertes. En este caso, podrás seguir corriendo varios minutos más.

Si no tienes un buen estado físico, luego de los 10 minutos (si es que llegas) comenzarás a sentirte pesado y débil. La producción de ácido láctico se elevará demasiado, sentirás tanto calor y estarás tan agotado que dejarás de correr. Y seguramente sea la decisión correcta, ya que si tus músculos no responden adecuadamente por falta de oxígeno y puedes tener un grave accidente.

¿Cuándo debes parar?

 

 

Debes parar de correr gradualmente, nunca de golpe. De lo contrario, tu flujo de sangre no se estabilizará normalmente y puedes dañar tu corazón. Es importante no llegar al agotamiento total para evitar lesiones en los músculos y las articulaciones.

Lo ideal es que el entrenamiento esté dirigido por un profesional que te indique la sesión apropiada para ti. De no ser así, lo mejor es que lleves un control regular de cuánto corres cada vez que lo haces.

Así podrás determinar cuánto más debes correr la próxima vez, solo algunos minutos más que la anterior. Esto es importante para mejorar tu entrenamiento y tu estado físico, sin poner en peligro a tu cuerpo.

Cuando terminas de correr

 

LZF/ISTOCK/THINKSTOC

 

Cuando termines de correr te sentirás de buen humor y con mucha energía. Difícil de creer, ¿no? Esto sucede gracias a que nuestro cerebro libera dos sustancias para contrarrestar el estrés al que nos sometemos cuando hacemos ejercicio.

Por un lado libera una proteína llamada factor neurotrófico derivado del cerebro, conocida como BDNF por sus siglas en inglés. Este elemento protege y repara nuestras neuronas de la memoria. Es por esto que, más allá del cansancio físico, luego de ejercitarnos un rato nos sentimos alerta y despiertos. Por otro lado, también hay una liberación de endorfinas: neurotransmisores que utiliza nuestro cerebro para neutralizar y calmar el estrés y el dolor físico generado por el ejercicio.  

 

Que pasa en nuestro cuerpo cuando corremos 000

 

Estas dos sustancias no se liberan solo durante el ejercicio físico, también se liberan durante otras actividades cotidianas como ingerir alimentos demasiado picantes o mantener relaciones sexuales. Lo interesante es que son sustancias adictivas, tan adictivas como algunas drogas. Por lo tanto, con algunas actividades podemos activar nuestro propio —y gratuito— narcótico.

Además de necesario, gracias a éstas sustancias, realizar ejercicio es placentero. ¿Sabías todo lo que sucede en tu organismo cuando haces ejercicio? ¿Conocías el efecto de las endorfinas

A medida que nuestros cuerpos realizan ejercicio extenuante, comenzamos a respirar más rápido a medida que intentamos transportar más oxígeno a nuestros músculos activos. El cuerpo prefiere generar la mayor parte de su energía usando métodos aeróbicos, es decir, con oxígeno. Sin embargo, algunas circunstancias, como evadir el histórico tigre de dientes de sable o levantar pesas pesadas, requieren una producción de energía más rápida de lo que nuestros cuerpos pueden suministrar oxígeno de manera adecuada. En esos casos, los músculos que trabajan generan energía anaeróbicamente. Esta energía proviene de la glucosa a través de un proceso llamado glucólisis, en el que la glucosa se descompone o metaboliza en una sustancia llamada piruvato a través de una serie de pasos. Cuando el cuerpo tiene suficiente oxígeno, el piruvato se envía a un camino aeróbico para descomponerse y obtener más energía. Pero cuando el oxígeno es limitado, el cuerpo convierte temporalmente el piruvato en una sustancia llamada lactato, que permite que continúe la degradación de la glucosa y, por lo tanto, la producción de energía. Las células musculares que trabajan pueden continuar con este tipo de producción de energía anaeróbica a altas tasas de uno a tres minutos, tiempo durante el cual el lactato puede acumularse a niveles altos.

Un efecto secundario de los niveles altos de lactato es un aumento en la acidez de las células musculares, junto con interrupciones de otros metabolitos. Las mismas vías metabólicas que permiten la descomposición de la glucosa en energía tienen un bajo rendimiento en este entorno ácido. En la superficie, parece contraproducente que un músculo trabajando produzca algo que pueda disminuir su capacidad para más trabajo. En realidad, este es un mecanismo de defensa natural para el cuerpo; previene el daño permanente durante el esfuerzo extremo al desacelerar los sistemas clave necesarios para mantener la contracción muscular. Una vez que el cuerpo se ralentiza, el oxígeno se vuelve disponible y el lactato vuelve a convertirse en piruvato, lo que permite el metabolismo aeróbico continuo y la energía para la recuperación del cuerpo del evento extenuante.

Contrariamente a la opinión popular, el lactato o, como a menudo se llama, la acumulación de ácido láctico no es responsable del dolor muscular que se siente en los días posteriores al ejercicio extenuante. Por el contrario, la producción de lactato y otros metabolitos durante el esfuerzo extremo resulta en la sensación de ardor que a menudo se siente en los músculos activos, aunque los metabolitos exactos están involucrados no está claro. Esta sensación a menudo dolorosa también nos lleva a dejar de trabajar demasiado el cuerpo, lo que obliga a un período de recuperación en el que el cuerpo elimina el lactato y otros metabolitos.